Según algunos estudios, la música condiciona y modifica nuestros niveles de excitación, nuestra animosidad, e incluso, nuestra capacidad de concentración. Crear una “banda sonora” para nuestra vida cotidiana nos permitiría reforzar aquellos estados de ánimo que nos interese reforzar, de la misma forma que la banda sonora de cualquier película refuerza el efecto de sus imágenes en nosotros. La música puede ayudarnos a cambiar las pulsaciones del corazón, nuestro ritmo de respiración, la presión sanguínea, el pulso, las ondas cerebrales, las respuestas de la piel y los niveles de sustancias neuroquímicas como la dopamina, la adrenalina.. todas ellas relacionadas con nuestra forma de enfrentarnos al mundo con un determinado estado de ánimo. Así que, os animo a escuchar todos los días algo de música (si puede ser la que nosotros hacemos, mejor...), aunque sea parar la actividad que estamos haciendo para escuchar el ritmo que nos trasmite los latidos del corazón. Veréis como las cosas se perciben de otra manera.